Crónica

14 de noviembre: Día Mundial de la Diabetes

Esta enfermedad no diagnosticada y no tratada es un riesgo que puede afectar órganos vitales y aumentar el riesgo de dolencias cardiovasculares, renales y oculares.

En Chile, más de 1,8 millones de personas adultas viven con diabetes. Muchas de ellas no saben que la padecen. Esta enfermedad silenciosa, que avanza sin señales evidentes, afecta a cerca del 12,2% de la población adulta, según la Federación Internacional de Diabetes (FID).

Con cifras como éstas, la diabetes deja de ser un problema individual para convertirse en un desafío de salud pública, que requiere información, prevención y acción a tiempo.

«La diabetes no diagnosticada y no tratada es un riesgo oculto que se instala sin síntomas atendibles, afectando órganos vitales y aumentando el riesgo de enfermedades cardiovasculares, renales y oculares», indica la doctora Jennifer Guerrero, endocrinóloga de San José Interclínica.

 Uno de los mitos más comunes sobre la diabetes es creer que estar libre de síntomas significa estar sano. «La diabetes tipo 2 puede avanzar durante años sin señales visibles y cuando finalmente se presentan síntomas como fatiga, pérdida de peso, micción frecuente, visión borrosa o sed excesiva, el daño al organismo ya puede ser significativo», advierte la especialista.

Aunque la diabetes es una de las enfermedades más conocidas, la desinformación sigue siendo una de las principales barreras para su control. Por ejemplo, también está muy diseminado que solo afecta a quienes consumen mucho azúcar, cuando en realidad influyen múltiples factores, como la genética, el sobrepeso, la edad y el sedentarismo.

 Tampoco es cierto que los medicamentos o la insulina reemplazan una alimentación saludable. Por el contrario, ambos deben ir de la mano para mantener los niveles de glucosa bajo control. “Además, existen otros tratamientos farmacológicos que tienen un excelente resultado a mediano y largo plazo”, precisa la endocrinóloga.

Otro mito frecuente es que la insulina genera dependencia. En ningún caso es adictiva. “Se trata de una hormona esencial que el cuerpo necesita para funcionar. Su oportuno evita complicaciones y mejora la calidad de vida», sostiene la doctora Priscila Cepeda, especialista en Medicina Interna de Tarapacá Interclínica.  

Respecto a la nutrición, también existen creencias erróneas que perjudican el tratamiento. «Aún se cree que comer saludable es sinónimo de pasar hambre o seguir dietas extremas y no es así. La prevención parte por aprender a equilibrar los alimentos, aumentar el consumo de frutas y verduras, reducir los ultraprocesados y moverse más. Son pequeños cambios sostenidos los que hacen la diferencia», señala la doctora Cepeda.

 Mantener un peso adecuado, adoptar una alimentación equilibrada, realizar actividad física varias veces por semana y acudir regularmente al médico son medidas fundamentales, que requieren constancia y dedicación, pero que pueden marcar la diferencia en la prevención y el manejo de la enfermedad.

Más allá de los tratamientos, la educación sigue siendo el pilar principal. Contar con información clara y accesible permite a las personas tomar decisiones conscientes, perder el miedo a los tratamientos y derribar prejuicios.