Impactar, influir en los demás, tomar la iniciativa o generar resultados son virtudes y aptitudes necesarias, incluso cuando se trabaja de manera independiente.
La creencia común es que ser un líder es ser un jefe o que ser jefe crea líderes automáticamente. Sin embargo, hoy el liderazgo es algo muy diferente. En una empresa o en el entorno académico, lo que más se valora es la capacidad de ser líder de sí mismo y aportar impacto, para que esto se irradie a otros.
Ejercer el liderazgo sin un personal a cargo significa asumir la responsabilidad sobre el propio desempeño, tomar decisiones con criterio y convertirse en un referente por la forma de actuar y no tanto por cómo ejercer una autoridad: es influir mediante el ejemplo.
Se trata de proponer mejorar, anticipar problemas, asumir errores, afrontar conversaciones difíciles y actuar con autonomía.
Georgina Barquín, de EAE Business School, explica que el liderazgo individual aflora cuando una persona deja de limitarse a cumplir instrucciones y empieza a involucrarse activamente en los resultados.
“Y sumado a esto, comienza a influir positivamente en el entorno a través de la actitud, la coherencia y la capacidad de aportar valor. No es mandar, sino influir y conseguir que otros se impliquen en el resultado de forma voluntaria”, acota.
En proyectos individuales o académicos, el liderazgo se expresa de manera aún más evidente. La autogestión, la disciplina y la claridad de objetivos se convierten en habilidades centrales.
Para la experta en liderazgo, un estudiante o profesional demuestra liderazgo cuando organiza su trabajo con criterio, cumple plazos, comunica ideas con claridad y mantiene el foco incluso cuando hay presión o incertidumbre.
“Quienes generan mayor impacto en equipos de trabajo no son necesariamente los cargos directivos, sino los que construyen confianza a través de su comportamiento consistente, colaborativo y autónomo. Ellos son los engranajes que realmente hacen avanzar a los equipos hacia los objetivos”, recalca.
Este liderazgo individual también se manifiesta fuera de los espacios formales de trabajo. Asumir la responsabilidad cuando algo no sale como se esperaba o proponer mejoras en procesos cotidianos, incluso acompañar a un compañero en un momento difícil son acciones que fortalecen una reputación de liderazgo real. Aunque pequeños, son gestos que generan impacto y posicionan a la persona como un referente confiable.
“El mercado laboral de hoy está buscando profesionales capaces de tomar decisiones y adaptarse rápidamente al cambio, de manera resolutiva. El objetivo es educar en ese liderazgo individual, desligado de las jerarquías, para que se desenvuelvan en esos espacios dinámicos, donde la comunicación e influencia son tarjeta de presentación”, puntualiza la experta.
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