domingo, noviembre 01, 2026

Estar bien,

Cómo evitar que las pantallas afecten el crecimiento infantil

Se aconseja promover el juego activo durante el día, recordando que un descanso adecuado, una buena alimentación y el movimiento regular son la base para un desarrollo integral en la infancia y adolescencia.

La calidad del sueño suele quedar en segundo plano frente a otros factores como la alimentación o la actividad física, cuando se trata de abordar el crecimiento de niños y adolescentes. Sin embargo, cumple un rol central tanto en el desarrollo físico como en el bienestar emocional.

Valentina Mosso, psicóloga Infanto Juvenil de Endoplus, explica que la hormona del crecimiento se libera principalmente al inicio del sueño y en las fases más profundas. En ese sentido, dormir bien no solo es clave para el crecimiento físico, sino que también influye directamente en otros aspectos como la ansiedad, la regulación emocional y la atención en las actividades que se realizan durante el día.

Hoy, el uso de dispositivos electrónicos antes de acostarse está afectando el ciclo natural. Por ello, se recomienda evitar el uso de pantallas al menos una hora antes de ir a la cama, para que el sueño sea de buena calidad.

La especialista plantea que hasta los 18 meses no se recomienda la exposición a pantallas, salvo en videollamadas o situaciones de necesidad de conexión con algún familiar. Entre los 2 y los 5 años, se aconseja limitar el tiempo sedentario frente a pantallas a un máximo de una hora al día, priorizando contenido de calidad y educativo y el acompañamiento de una persona adulta, además de desplazar su uso hacia los fines de semana. Y desde los 6 años en adelante, la recomendación es establecer acuerdos familiares que no interfieran con las comidas ni el horario de sueño.

Asimismo, se aconseja promover el juego activo durante el día, recordando que un descanso adecuado, una buena alimentación y el movimiento regular son la base para un desarrollo integral en la infancia y adolescencia.

La falta de sueño o su mala calidad pueden tener un impacto significativo en el desarrollo, el aprendizaje, el comportamiento y la salud general de los niños, incluyendo un efecto perjudicial en su bienestar físico y psicológico. Además de alteraciones en el crecimiento, otros efectos incluyen dificultades de concentración, mayor irritabilidad, debilitamiento de la función inmunológica, ansiedad y depresión.

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