Reportaje

Alergias en primavera

Son mucho más complicadas de lo que parecen, ya que pueden derivar en distintas complicaciones, como reducción de la calidad de vida, sueño deficiente, alteraciones de memoria, exacerbaciones del asma bronquial y sinusitis, entre otros.

Ya en septiembre, el paisaje chileno despliega sus colores, perfumes y temperaturas agradables. Sin embargo, lo que para muchos es sinónimo de alegría y renovación, para otros representa la temporada de las alergias.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte que las enfermedades alérgicas se han convertido en un problema de salud pública creciente. Hoy, entre un 20 a 25% de la personas padece algún tipo de alergia y se estima que hacia 2050 esa cifra podría llegar al 50%.

«Estamos frente a un fenómeno que cada vez involucra a más personas y a edades más tempranas. No es exagerado hablar de una epidemia silenciosa, porque las alergias no son contagiosas, pero sí están creciendo a un ritmo alarmante», señala la doctora Omaira Calderón, de Los Leones Interclínica.

Se estima que uno de los principales responsables de este incremento es el cambio climático. «Las temporadas de polinización son más largas y las plantas están produciendo más polen, debido a las variaciones de temperatura y a la concentración de CO₂ en la atmósfera. Esto hace que los pacientes alérgicos estén expuestos durante más meses del año y con mayor intensidad», explica Calderón.

Síntomas

Estornudos, congestión nasal, ojos llorosos, tos persistente y hasta crisis asmáticas forman parte del cuadro que cada año afecta a muchísimas personas.

La rinitis alérgica estacional -más conocida como alergia primaveral- es una de las más extendidas, con una prevalencia que oscila entre el 10 a 30% de la población global.

Se define como la inflamación de la mucosa nasal con una duración superior a los tres meses, que posee un componente genético significativo, ya que el riesgo es mayor si los dos padres son alérgicos, además del componente ambiental.

La doctora Carolina Díaz, inmunóloga de Alergomed y Clínica MEDS, sostiene que la rinitis alérgica también deriva en distintas complicaciones, como reducción de la calidad de vida, sueño deficiente, alteraciones de memoria, exacerbaciones del asma bronquial y sinusitis, entre otros.

“La reducción de la calidad de vida se debe a que los síntomas de la rinitis alérgica pueden interferir con el disfrute de las actividades y reducir la productividad de los pacientes. Muchas personas faltan al trabajo o al colegio por los síntomas, además, pueden mantener despierto al paciente o dificultar que siga durmiendo, causando fatiga y malestar general”, destaca Díaz.

En tanto, los pacientes con asma que sufren de rinitis alérgica, pueden ver aumentados algunos síntomas, como la tos y la sibilancia del pecho, y presentar un mayor número de visitas al servicio de urgencia que aquellos con asma y sin rinitis.

Tratamiento

Aunque algunos puedan subestimar los malestares que provoca una reacción alérgica de este tipo, tienen una base biológica clara.

La doctora Sandra Aguilera, de Cordillera Interclínica, explica que cuando una persona entra en contacto con alérgenos como polen, esporas de moho o polvo, su sistema inmune reacciona como si se tratara de una amenaza real. “El cuerpo libera histaminas, sustancias químicas que generan inflamación y los síntomas típicos: estornudos, picazón, mucosidad y ojos irritados, entre otros».

Afortunadamente, hoy existen tratamientos eficaces que permiten mejorar la calidad de vida de los pacientes. «El uso de antihistamínicos y otros medicamentos de control es seguro, siempre y cuando sean indicados por un médico. La automedicación, en cambio, puede ser riesgosa, en especial en personas con patologías como hipertensión o enfermedades respiratorias crónicas», añade la doctora Aguilera.

En casos más severos, como alergias que derivan en asma bronquial, la recomendación es acudir a un especialista y realizar exámenes que lleven a un diagnóstico preciso. «Una vez identificado el alérgeno específico, es posible implementar inmunoterapia, el único tratamiento que puede modificar la evolución natural de la enfermedad a largo plazo», enfatiza.

Prevención

Además del tratamiento farmacológico, las medidas de cuidado siguen siendo excelentes aliadas:

-Evitar las actividades al aire libre en las primeras horas de la mañana, cuando la concentración de polen es más alta, ayuda a reducir la exposición.

-Ventilar la casa después de media mañana, cuando los niveles de polinización han bajado, y mantener las ventanas cerradas en los días secos o ventosos.

-Ducharse y cambiarse de ropa al regresar del exterior permite eliminar el polen que queda adherido a la piel, al cabello y a las prendas.

-Uso de lentes de sol y mascarillas en jornadas con mucho viento, así como la limpieza periódica de los filtros de aire en autos y sistemas de climatización.