Especialistas advierten sobre la automedicación y el uso indebido de estos fármacos, que están impulsando la resistencia bacteriana.
Los antibióticos representan uno de los avances más significativos de la medicina moderna. Han permitido controlar infecciones graves, realizar cirugías de forma segura y proteger a pacientes inmunocomprometidos. Pero este avance, que ha salvado millones de vidas durante décadas, hoy se encuentra en riesgo.
Y es que la resistencia bacteriana -la capacidad de ciertos microorganismos para volverse no susceptibles a los tratamientos con antibióticos que antes los controlaban- avanza silenciosamente y podría hacer retroceder a una época en que las infecciones comunes eran más difíciles de tratar.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la resistencia bacteriana podría causar más de 10 millones de muertes anuales para el año 2050, si no se implementan medidas concretas de control, vigilancia y educación sanitaria.
En Chile, aunque los antibióticos requieren receta médica, la automedicación continúa siendo frecuente. Muchas personas comparten medicamentos con familiares o amigos, o los utilizan «por si acaso» ante síntomas inespecíficos como fiebre, tos o malestar general.
«Cuando una bacteria desarrolla mecanismos de resistencia, los tratamientos habituales pueden dejar de ser efectivos. Esto significa que infecciones simples, como una neumonía adquirida en la comunidad, pueden transformarse en cuadros difíciles de manejar», explica el doctor Sebastián Rivera, de Los Carrera Interclínica.
El especialista añade que el uso incorrecto de antibióticos favorece la selección de cepas bacterianas resistentes.
De hecho, gran parte de las infecciones respiratorias altas -como resfríos, rinofaringitis o cuadros de origen viral- se resuelven espontáneamente y no requieren antibióticos. Su uso en estos casos no solo es innecesario, “sino que contribuye de forma directa al problema de la resistencia», añade el especialista.
La automedicación es una de las principales causas de esta crisis silenciosa. Estudios recientes estiman que más del 40% de los adultos ha tomado antibióticos sin receta en algún momento, ya sea por recomendación de terceros o por costumbre.
«El antibiótico mal usado no solo falla en tratar la infección, sino que además genera presión evolutiva en las bacterias, haciéndolas más fuertes y resistentes», afirma la doctora Emilia Escobedo de Cordillera Interclínica.
La resistencia antimicrobiana no es un problema del futuro, sino del presente. En hospitales y clínicas ya se observan cepas resistentes a múltiples fármacos, lo que obliga a usar tratamientos más agresivos, más costosos y con más efectos adversos. «Estamos viendo pacientes que requieren hospitalización prolongada, porque no responden a los antibióticos habituales. Esto implica más riesgo, más complicaciones y más carga para el sistema de salud», sostiene la doctora Escobedo.
La buena noticia es que el problema tiene solución: educación, responsabilidad y acción coordinada entre la comunidad y los equipos de salud.
«La clave está en el uso racional: tomar antibióticos solo cuando son recetados por un profesional, cumplir los tratamientos completos, no compartir medicamentos y evitar automedicarse. Es un cambio cultural que debemos promover entre todos», sostiene la experta.
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