La clave fue la conexión emocional con música significativa para cada paciente.
Un estudio realizado en México y Dinamarca expuso a pacientes con fibromialgia a su música favorita por 10 minutos. Luego de escucharla, reportaron menos dolor y mejor capacidad para levantarse y caminar.
Este efecto no se observó con sonidos neutros, como ruido rosa. La música autoseleccionada activó mecanismos cerebrales que redujeron el malestar emocional del dolor. La clave no fue el ritmo rápido, sino la conexión emocional. Se trató de música placentera, relajante y significativa para cada paciente.
Los resultados sugieren que la música actúa como analgésico central, al activar regiones cerebrales ligadas al placer, la emoción y el control del dolor. Así, mejora la movilidad al disminuir el sufrimiento.
Este hallazgo impulsa el uso de la música como complemento terapéutico no invasivo, especialmente en enfermedades crónicas con fuerte carga emocional.
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