Estar bien

Obesidad: la importancia de una terapia integral

Combinar una alimentación adecuada, con porciones y horarios correctos; la práctica regular de actividad física; dormir bien; manejo del estrés, y tratamiento farmacológico, los resultados no solo son más rápidos, sino también más duraderos y motivadores para el paciente.

La obesidad es una enfermedad crónica compleja, similar a la hipertensión o a la diabetes.  Se caracteriza por la acumulación excesiva de grasa corporal, con graves efectos para el organismo, que van desde afecciones cardiovasculares y mecánicas hasta problemas de salud mental y un mayor riesgo de cáncer.

Si bien el peso y el Índice de Masa Corporal (IMC) fueron los principales parámetros para diagnosticarla, este año un grupo internacional de expertos propuso una nueva definición que enfatiza dos criterios: el porcentaje de grasa corporal y la presencia de enfermedades asociadas, lo que permite diferenciar si la patología se encuentra en una etapa clínica o preclínica.

De acuerdo con el fundador y director del Instituto para el Manejo y la Prevención de la Obesidad (Imaprob), el doctor Ignacio Aránguiz, resulta fundamental comprender los factores de riesgo que pueden contribuir al desarrollo de la obesidad.

Entre ellos destacan el uso de ciertos medicamentos (especialmente algunos psiquiátricos), otras enfermedades endocrinas -distintas al hipotiroidismo- y patologías que limitan la movilidad, como lesiones o artrosis, que pueden favorecer la acumulación de peso.

El especialista señala que actualmente existen diversos tratamientos farmacológicos para la obesidad. Sin embargo, uno de los más efectivos es el de terapias combinadas.

“Funcionan cuando dos moléculas con efectos distintos actúan de manera complementaria para potenciar el resultado. En el caso de la obesidad, las terapias combinadas buscan, por ejemplo, reducir el apetito y el placer que generan los alimentos. La suma de estos efectos logra una disminución más eficiente de la ingesta alimentaria y calórica, optimizando la pérdida de peso”, añade.

Advierte que los pacientes deben olvidar la idea de una «píldora mágica», ya que los medicamentos son una herramienta poderosa que mejora los resultados, la velocidad y la sostenibilidad del tratamiento, pero no logran cambios sólidos sin la adopción de estilos de vida saludables.

“Esto implica una alimentación adecuada, con las porciones y horarios correctos; la práctica regular de actividad física (incluso sesiones cortas y eficientes, como tres sesiones semanales de 20 minutos en casa, pueden ser efectivas); una calidad de sueño óptima y un manejo adecuado del estrés. Cuando estos pilares se combinan con el tratamiento farmacológico, los resultados no solo son más rápidos, sino también más duraderos y motivadores para el paciente”, enfatiza.