Crónica

Rechazo de licencias médicas por salud mental sube a 13%

Esto afectaría principalmente a mujeres según  la Superintendencia de Seguridad Social.

Las licencias médicas asociadas a trastornos de salud mental se mantienen este año como la principal causa de rechazo en el sistema, según los últimos datos entregados por la Superintendencia de Seguridad Social (SUSESO).

Entre enero y agosto de 2025, el 13% de estos permisos fue objetado, cifra levemente superior al 12,5% registrado en el mismo periodo del año anterior.

El informe también evidencia una marcada brecha de género: más de 1,5 millones de licencias por salud mental fueron emitidas en los primeros ocho meses del año, de las cuales más de un millón correspondieron a mujeres, más del doble que las otorgadas a hombres (507 mil).

Este predominio femenino respondería a factores estructurales. “Las mujeres suelen enfrentar una doble o triple jornada: empleo remunerado, trabajo doméstico y labores de cuidado. Esta sobrecarga genera altos niveles de estrés crónico, ansiedad y agotamiento emocional”, señala Rodrigo Varela, gerente legal de la empresa Alto Inmune.

El ejecutivo advierte que el alto rechazo de licencias vinculadas a salud mental también se relaciona con prejuicios persistentes, ya que algunos evaluadores o instituciones pueden dudar de la legitimidad de diagnósticos, porque no son visibles físicamente.

Pese al aumento en la tasa de rechazo, las licencias por salud mental mostraron una disminución general de 11,3% respecto al mismo lapso de 2024. Sin embargo, la carga sigue recayendo de manera desproporcionada en las mujeres.

Además de la sobrecarga de roles, Varela menciona que otros factores también las afectan con mayor intensidad: desigualdad laboral, violencia simbólica, condiciones psicosociales más adversas y una mayor disposición a buscar ayuda profesional.

“La alta proporción de licencias en mujeres evidencia la intersección entre desigualdades de género, sobrecarga emocional y ambientes laborales poco saludables. No es solo un problema individual, sino un síntoma de una estructura social que aún no garantiza bienestar psicológico en igualdad de condiciones”, subraya.