La mayoría de las personas consumen casi el doble de sodio recomendado, arriesgando su salud cardiaca y renal.
Muchas veces el plato llega a la mesa y, antes de probarlo, alguien añade un poco más de sal. Sin embargo, detrás de ese hábito se esconde uno de los principales factores de riesgo para enfermedades cardiovasculares y renales.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda consumir menos de cinco gramos de sal al día, lo que equivale aproximadamente a una cucharadita. Sin embargo, en promedio la ingesta supera los diez gramos diarios.
En Chile, la situación no es distinta. Estimaciones basadas en la Encuesta Nacional de Salud indican que la población consume en promedio cerca de nueve gramos de sal al día, casi el doble del límite recomendado, un nivel que contribuye a mantener al exceso de sodio como uno de los factores más relevantes en el desarrollo de hipertensión arterial.
Uno de los principales problemas es que gran parte del sodio que se consume no proviene del salero, sino de alimentos que forman parte de la dieta cotidiana. Panes, embutidos, salsas, caldos concentrados, snacks o productos congelados pueden contener cantidades importantes de sodio.
El doctor Francisco Marino, urgenciólogo y director médico de Los Carrera Interclínica, explica que muchas personas no son plenamente conscientes de cuánto sodio incorporan realmente en su alimentación diaria.
«El consumo excesivo de sal suele ocurrir de manera inadvertida. Mientras más sodio se consume, más se acostumbra el paladar a sabores intensos, lo que puede llevar a buscar constantemente ese mismo nivel de salinidad en las comidas», añade.
El impacto más evidente del exceso de sal en el organismo es el aumento de la presión arterial, que es uno de los principales factores de riesgo para enfermedades cardiovasculares, accidentes cerebrovasculares y daño renal, y afecta a una proporción importante de la población adulta.
El especialista agrega que reducir la ingesta de sal es una de las intervenciones más costo-efectivas en salud pública. «Incluso disminuir uno o dos gramos diarios puede generar reducciones significativas en la presión arterial y en el riesgo cardiovascular», señala.
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