Comunidad

Derribando mitos sobre sexualidad de personas con síndrome de Down

Es relevante promover una educación que fortalezca herramientas para el autocuidado, el reconocimiento del propio cuerpo y el establecimiento de límites. Esto es especialmente relevante en materia de consentimiento y prevención de abuso en personas con discapacidad.

En Chile, nacen en promedio 2,7 niños cada mil con síndrome de Down, cifra que duplica la tasa mundial, que es de 1,4. Uno de los principales desafíos es comprender que, como cualquier otra persona, deben acceder a información, orientación y atención en salud.

Victoria Cancino, matrona de DKT Chile, plantea la necesidad de promover en este sentido una educación sexual inclusiva, que considere las particularidades de las personas con discapacidad intelectual, resguardando sus derechos y bienestar.  

“Existe el mito de que no tienen sexualidad o no deben ejercerla, y eso no es así. Hablar de inclusión y salud sexual también implica reconocer sus derechos”, explica la profesional.

Desde el ámbito clínico, Cancino señala que las personas con síndrome de Down son fértiles y pueden tener una vida sexual activa, por lo que el acceso a métodos anticonceptivos y controles de salud es clave.

En este contexto, “es importante entender que la sexualidad no es solo el acto sexual, sino también el desarrollo emocional, el vínculo, la identidad y el respeto. Por eso, hablar de derechos sexuales de personas con discapacidad es hablar de dignidad, acceso a información y acompañamiento adecuado”, enfatiza Cancino.

A través de la educación se fortalecen herramientas para el autocuidado, el reconocimiento del propio cuerpo y el establecimiento de límites. Esto es especialmente relevante en materia de consentimiento y prevención de abuso en personas con discapacidad.

La sexualidad de las personas con síndrome de Down suele estar mediado por sus tutores legales, quienes deciden los métodos anticonceptivos evaluando el costo-beneficio y las necesidades individuales, priorizando alternativas que faciliten la adherencia y el bienestar integral.

“En personas con síndrome de Down solemos priorizar métodos anticonceptivos de larga duración, como la inyección trimestral o los implantes, porque son más fáciles de manejar y ayudan también en temas de higiene al reducir o eliminar la menstruación”, afirma la especialista.

Los controles de salud deberían iniciarse desde la adolescencia, idealmente desde la primera menstruación en el caso de las mujeres, y siempre con un enfoque integral que considere tanto aspectos físicos como emocionales y sociales.

“En una sociedad cada vez más consciente de la importancia de la inclusión, el llamado es a dejar atrás los mitos y avanzar hacia una mirada más respetuosa, informada y centrada en derechos, porque garantizar el acceso a la salud sexual también es parte fundamental de construir una sociedad más equitativa para todas las personas”.