Salud mental

Habría relación entre contaminación y deterioro de la salud mental

Un reciente estudio concluyó que la exposición al aire contaminado, al ruido ambiental y a diversas sustancias químicas puede contribuir al desarrollo de cuadros de ansiedad, depresión y otros trastornos.

Si bien históricamente el foco ha estado puesto en los efectos respiratorios y cardiovasculares causados por la mala calidad del aire, hoy la evidencia muestra que la exposición prolongada a contaminantes también puede influir en el bienestar emocional y psicológico de las personas.

Un informe de la Agencia Europea del Medio Ambiente señaló que la exposición al aire contaminado, al ruido ambiental y a diversas sustancias químicas puede contribuir al desarrollo de cuadros de ansiedad, depresión y otros trastornos de salud mental. El documento subraya que, aunque depende de múltiples factores -como la genética, el entorno social, la situación económica y el estilo de vida-, la contaminación ambiental actúa como un factor de riesgo adicional que puede agravar condiciones preexistentes.

A ello se suma un estudio publicado en JAMA, desarrollado por investigadores de la Universidad de Harvard y la Universidad de Emory, que analizó datos de cerca de nueve millones de personas afiliadas a Medicare en Estados Unidos. Se detectó que la exposición prolongada a altos niveles de contaminación atmosférica incrementa el riesgo de depresión tardía en adultos mayores.  

Se cruzó información sobre niveles de contaminación con los domicilios de los pacientes, identificando exposición a contaminantes como material particulado fino (polvo o humo), dióxido de nitrógeno proveniente principalmente del tráfico vehicular y ozono generado por emisiones de automóviles, centrales eléctricas y refinerías.

Expertos en monitoreo ambiental señalan que esta relación entre contaminación y salud mental obliga a ampliar la conversación pública sobre calidad de vida urbana.

Carlos Saul, gerente general de AyT, afirma que hoy se sabe que la contaminación impacta el descanso, el estrés crónico y la estabilidad emocional. “Vivir expuesto de forma permanente a aire contaminado o altos niveles de ruido genera una carga invisible sobre las personas”, acota.

En este escenario, la medición continua de la calidad del aire y del ruido ambiental se vuelve una herramienta estratégica no sólo para resguardar la salud física, sino también para prevenir impactos en la salud mental.

Los sistemas de monitoreo permiten identificar zonas críticas, establecer alertas tempranas y diseñar intervenciones más efectivas, como restricciones de emisiones, mejoras en transporte público, creación de áreas verdes y planificación urbana sostenible.

La evidencia científica apunta a que cuidar el entorno protege a las personas, ya que respirar aire limpio, vivir en espacios menos ruidosos y contar con ciudades más sostenibles no sólo mejora indicadores físicos, sino también la calidad de vida emocional.

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