Un estudio del grupo Interclínica -con presencia en cuatro regiones del país a través de cinco recintos de salud- demostró que las cerca de 2.400 cirugías bariátricas realizadas durante el último año representaron un crecimiento de 37% respecto del período anterior.
Actualmente, la obesidad en Chile se entiende como un problema de salud pública, con impacto en enfermedades metabólicas, cardiovasculares y hasta mentales. Y aunque las cirugías bariátricas han aumentado de forma sostenida en el país, especialistas coinciden en que el foco no debería estar solo en la operación, sino en todo lo que ocurre antes y después de entrar al pabellón.
Un estudio del grupo Interclínica -con presencia en cuatro regiones del país a través de cinco recintos de salud- demostró que las cerca de 2.400 cirugías bariátricas realizadas durante el último año representaron un crecimiento de 37% respecto del período anterior.
Específicamente, el bypass gástrico aumentó en 46% en toda su red, mientras la gastrectomía en manga creció 31% en el grupo.
Este panorama puede dar la impresión de que se trata de una solución rápida frente a la obesidad, pero los especialistas advierten que no existe una fórmula mágica. Estas intervenciones requieren preparación médica y psicológica, seguimiento permanente y cambios de hábitos a largo plazo.
«La cirugía bariátrica no es un punto final ni una solución rápida. Es una herramienta médica dentro de un tratamiento mucho más amplio, que implica cambios físicos, emocionales y conductuales importantes», explica el doctor Nicolás Solano, cirujano bariátrico de Los Carrera Interclínica.
La obesidad es una enfermedad crónica y multifactorial. «Su desarrollo involucra factores genéticos, metabólicos, psicológicos, sociales y ambientales, por lo que su tratamiento también requiere distintas miradas», precisa el doctor Solano.
En Chile, la incorporación del PAD (Pago Asociado a Diagnóstico) Bariátrico de Fonasa, desde 2022 abrió la posibilidad de acceder a estos procedimientos en clínicas privadas para afiliados de tramos B, C y D, lo que también incidió en el aumento de intervenciones.
Pero antes de una cirugía existe un proceso largo y muchas veces poco visible. «Los pacientes deben pasar por evaluaciones médicas, nutricionales y psicológicas, además de exámenes destinados a detectar enfermedades asociadas como diabetes tipo 2, hipertensión arterial, apnea del sueño o hígado graso», describe el doctor Solano.
Aunque procedimientos como el bypass gástrico y la manga gástrica hoy se realizan mediante técnicas mínimamente invasivas, el postoperatorio sigue siendo una etapa clave. La recuperación inicial suele durar entre dos y tres semanas, pero la adaptación completa toma mucho más tiempo. Durante ese período, los pacientes deben modificar su alimentación, incorporar suplementación vitamínica y asistir regularmente a controles médicos.
También existen riesgos y complicaciones posibles, aunque las tasas graves son bajas cuando los procedimientos se realizan en equipos especializados. Entre ellas pueden aparecer deshidratación, déficits nutricionales, reflujo, hipoglicemias o recuperación de peso a largo plazo.
«La cirugía cambia muchas cosas en muy poco tiempo, como la relación con la comida, la percepción del propio cuerpo, las rutinas e incluso la forma en que las personas se vinculan socialmente. Todo eso puede ser emocionalmente desafiante si no existe un acompañamiento adecuado. Por eso los controles posteriores, el apoyo psicológico y el seguimiento médico son fundamentales para sostener resultados saludables en el tiempo», acota el doctor Carlos Barroso, cirujano bariátrico de Los Leones Interclínica.
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