Vitrina

Leer juntos para crecer más seguros

Fundación ALMA frente a la violencia escolar La organización destaca el valor de la lectura compartida como una herramienta accesible para fortalecer vínculos, contención emocional y desarrollo socioemocional.

En medio del debate sobre violencia escolar, parece seguir quedando fuera de la conversación el rol de las familias y los vínculos que niñas y niños construyen fuera de la sala de clases. Mientras gran parte de la discusión pública continúa enfocada en medidas de control, sanción y seguridad, también crece la necesidad de fortalecer los entornos emocionales desde los primeros años, promoviendo presencia, acompañamiento y espacios de conexión como herramientas concretas de prevención.

En ese contexto, Fundación ALMA plantea la urgencia de ampliar la mirada y avanzar hacia estrategias que devuelvan a las familias un lugar central en el desarrollo y bienestar de los más pequeños.

Carmen de la Maza, directora ejecutiva de la entidad, señala que «los grandes olvidados de esta historia son las familias. Para prevenir la violencia, también necesitamos acompañarlas, fortalecerlas y devolverles un lugar central en el desarrollo de niñas y niños».

Desde esa perspectiva, la lectura compartida aparece como una herramienta simple, accesible y poderosa, no solo para fomentar el aprendizaje, sino también para generar contención emocional, confianza y cercanía entre adultos y niños. Leer juntos puede parecer un gesto pequeño, pero tiene un impacto profundo en el desarrollo emocional y en la construcción de vínculos protectores.

Y es que leer no solo fortalece el lenguaje o el aprendizaje escolar. También crea espacios de atención, escucha y seguridad afectiva. Un cuento, una conversación o algunos minutos compartidos pueden ayudar a desarrollar empatía, regulación emocional y herramientas para resolver conflictos de manera sana.

Como parte de este enfoque preventivo, Fundación ALMA comparte recomendaciones prácticas para incorporar la lectura en la rutina diaria familiar:

1. No necesitas ser experto para leer con tu hijo. No importa si lees rápido, lento o si cambias palabras. Lo importante es compartir ese momento juntos.

2. Basta con diez minutos al día. Antes de dormir, después de la escuela o mientras esperan una micro. Un momento breve puede hacer una gran diferencia.

3. Deja que tu hijo elija el libro. Cuando ellos escogen, participan con más ganas, porque conectan con sus intereses.

4. No importa si no terminan el cuento, a veces querrán mirar solo las imágenes o hablar de una página. Eso también es leer.

5. Haz preguntas simples mientras leen, fortalece la interacción: ¿Qué ves aquí?, ¿Cómo crees que se siente?, ¿Qué crees que va a pasar?

6. Si pide el mismo cuento muchas veces, léelo otra vez. La repetición les da seguridad y fortalece su aprendizaje.

7. Leer también es conversar, un libro puede ser una oportunidad para hablar de emociones, miedos, alegrías o cosas que vivieron durante el día.

8. Guarda los libros al alcance de tu hijo, si puede verlos y tocarlos, tendrá más ganas de acercarse a ellos.

9. Apaga el celular por unos minutos, aunque sean pocos, esos minutos de atención completa pueden marcar una diferencia enorme, estar presentes.

10. Recuerda que no estás enseñando solo a leer, estás construyendo vínculo.

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