Crónica

29 de mayo: Día Mundial de la Salud Digestiva

 Distintos estudios vinculan la microbiota intestinal con funciones clave del organismo, como las defensas, el estado de ánimo, la energía y hasta la calidad del sueño.

Cada 29 de mayo, la Organización Mundial de Gastroenterología (WGO) conmemora el Día Mundial de la Salud Digestiva, impulsando la importancia del cuidado intestinal y los hábitos saludables.

La microbiota intestinal ya no es solo un tema de científicos, está cada vez más presente en la conversación sobre bienestar, dado que distintos estudios la vinculan con funciones clave del organismo, como las defensas, el estado de ánimo, la energía y hasta la calidad del sueño.

“Durante años, la salud se abordó de forma fragmentada. Hoy, avanzamos hacia una mirada sistémica donde el intestino emerge como un centro regulador. La evidencia científica ha demostrado que muchos procesos críticos, inmunológicos, metabólicos e incluso neurológicos, están profundamente influenciados por lo que ocurre en nuestro sistema digestivo”, destaca Josefa Rodríguez, nutricionista jefa de desarrollo del servicio de tercerización del Laboratorio FNL.

La microbiota intestinal corresponde a un ecosistema compuesto por trillones de microorganismos -principalmente bacterias, pero también virus, hongos y arqueas- que coexisten en una relación simbiótica con el ser humano. Produce vitaminas, metaboliza compuestos bioactivos, protege contra patógenos y modula procesos inflamatorios.

Además, aproximadamente el 70% del sistema inmune reside en el intestino, lo que convierte a la microbiota en un actor clave en la defensa del organismo. A través de su interacción con el sistema inmunológico, regula la respuesta frente a agentes externos. Paralelamente, existe una conexión bidireccional conocida como eje intestino-cerebro, mediante la cual la microbiota influye en la producción de neurotransmisores como la serotonina, impactando directamente en el estado de ánimo y la respuesta al estrés.

Su influencia también alcanza los niveles de energía y el rendimiento físico y mental, ya que interviene en la digestión y absorción de nutrientes esenciales para el organismo.

La microbiota es altamente sensible a dietas pobres en fibra y ricas en ultraprocesados, el estrés crónico, la falta de sueño, el sedentarismo y el uso frecuente de antibióticos pueden generar disbiosis, es decir, un desequilibrio en la composición microbiana.

En este contexto, se ha observado un aumento sostenido en el consumo de suplementos orientados al cuidado digestivo, especialmente probióticos y prebióticos. “Los probióticos son microorganismos vivos que, administrados en cantidades adecuadas, aportan beneficios a la salud, ayudando a restaurar el equilibrio microbiano, fortalecer la barrera intestinal y modular el sistema inmune. Por su parte, los prebióticos son sustratos no digeribles que estimulan selectivamente el crecimiento y la actividad de bacterias beneficiosas. La combinación de ambos, conocida como simbióticos, potencia sus efectos y favorece un entorno intestinal más resiliente y funcional” explica Rodríguez.

Junto con la suplementación adecuada, la especialista recalca que el bienestar digestivo se construye principalmente a través de hábitos sostenidos en el tiempo. Entre las principales recomendaciones resalta priorizar una alimentación rica en fibra -frutas, verduras, legumbres y granos integrales-, incorporar alimentos fermentados, mantener una hidratación adecuada, gestionar el estrés, respetar los ciclos de sueño y realizar actividad física de manera regular.

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