Más silenciosas, enfermedades como la dermatitis, alergias y salud mental, entre otras, también aparecen cuando bajan las temperaturas.
Abrigarse más, salir menos y tomar más líquidos calientes son algunos cambios conductuales que se realizan durante el invierno. El objetivo es reducir la posibilidad de un resfrío u otra enfermedad respiratoria. No obstante, no son las únicas afecciones que aparecen en esta temporada.
La doctora Karina Backit Lavin, jefa de la Unidad de Paciente Crítico deSan José Interclínica, explica que hay enfermedades más silenciosas o no muy comúnmente asociadas con el frío o el invierno, pero que resultan más recurrentes y sobre las cuales hay que estar conscientes para tomar las precauciones especiales y poder acudir con un médico a tiempo.
Entre los factores que explican este fenómeno están la baja exposición solar, los cambios en la alimentación y el sedentarismo, además del uso intensivo de calefacción y la escasa ventilación de los espacios.
- Dermatitis y piel seca: el aire frío y seco reduce la humedad natural de la piel, generando picazón, grietas o descamación. Esto puede agravar cuadros previos como la dermatitis atópica. Se recomienda hidratarse bien, evitar duchas muy calientes y usar cremas humectantes de manera constante.
- Enfermedades crónicas que se agudizan: la artritis, el lupus o la fibromialgia, por ejemplo, pueden presentar más dolor y rigidez en esta temporada. Hay que evitar cambios bruscos de temperatura.
- Riesgo cardiovascular: diversos estudios han demostrado que durante el invierno aumentan los accidentes cerebrovasculares y eventos cardíacos, por lo que es clave mantener bajo control factores como la hipertensión y la diabetes, además de evitar exponerse al frío extremo.
- Alergias invernales: aunque poco se hable de ellas, muchas personas sufren de síntomas alérgicos durante estos meses por la acumulación de ácaros del polvo en espacios cerrados y con calefacción. Ventilar la casa, aspirar con frecuencia y lavar cortinas o alfombras puede ayudar a disminuir los síntomas.
- Afectaciones a la salud mental: el llamado Trastorno Afectivo Estacional (TAE) es una realidad. La menor luz solar y la disminución de la actividad física pueden alterar el ánimo y provocar fatiga o irritabilidad. Es importante mantener rutinas saludables y buscar apoyo profesional si los síntomas persisten.
- Baja de vitamina D: al haber menos exposición al sol, muchas personas experimentan una disminución en sus niveles de vitamina D, lo que puede debilitar el sistema inmunológico, afectar el ánimo e incluso la salud ósea.
- Lesiones por caídas: en zonas con lluvias, hielo o escarcha, aumentan los accidentes por resbalones. Las personas mayores son las más afectadas. Usar calzado antideslizante y caminar con precaución puede prevenir más de una fractura.
- Hipotermia: la exposición prolongada a temperaturas bajas puede poner en riesgo órganos vitales. El cuerpo pierde calor más rápido de lo que lo produce, por lo que se recomienda usar ropa adecuada por capas y evitar permanecer mucho tiempo en exteriores.
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