Un estudio de la Universidad Internacional de Valencia logró establecer una relación entre el optimismo y la respuesta del sistema inmune y la sintomatología clínica de esta enfermedad.
El resfriado común es una de las enfermedades más habituales en los seres humanos, diagnosticadas entre dos y cinco veces al año en la población adulta. El tiempo de infección es de 10 días; en el segundo y tercero alcanza su punto máximo. Uno de los factores que podría desencadenar su prolongación es someterse a situaciones de estrés, provocando alteraciones en el funcionamiento del sistema inmunitario.
La doctora Sara Puig Pérez, de la Universidad Internacional de Valencia (VIU), investigó la relación entre ser más optimista y afrontar mejor el resfriado común. El estudio se realizó con un total de 212 voluntarios, de los cuales 122 eran hombres y 90 mujeres, quienes completaron una entrevista telefónica y pasaron una evaluación física en persona para verificar que tenían un buen estado de salud previa a su participación. Fueron monitoreados durante 6 días consecutivos de forma aislada y se les inoculó el Rhinovirus (RV39) bajo su consentimiento.
“La hipótesis del compromiso sugiere que las personas con un alto nivel de optimismo se involucran en situaciones exigentes y dependiendo de la dificultad de las circunstancias conduciría a una mayor o menor respuesta inmune”, explica la experta.
Por ejemplo, el optimismo se ha relacionado con un deterioro cognitivo más lento en pacientes con VIH, ejerciendo su efecto protector. Asimismo, pacientes que tienen un estilo emocional positivo muestran un menor reporte de los síntomas del resfriado común.
“El optimismo ha demostrado ser un factor protector de la salud física y mental, permitiendo una respuesta física y psicológica que favorece una mejor adaptación a las exigencias del día a día y a situaciones muy complejas”, recalca la investigadora.
Los resultados del estudio han mostrado que aquellos voluntarios enfermos que tienen una puntuación más alta de optimismo están relacionados con una percepción menor de la gravedad de los síntomas del resfriado común. El optimismo podría relacionarse con un mejor manejo del proceso de la enfermedad y una menor interrupción de las responsabilidades diarias. A su vez, se relacionó con menor secreción de TNFα, lo cual se ha relacionado con una reducción del comportamiento de enfermedad, ayudando a generar una percepción de mayor salud en situaciones de infección.
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