Debido a que sus síntomas pueden ser inespecíficos, se recomienda consultar ante signos de fatiga, ictericia o malestar persistente.
La hepatitis es una enfermedad silenciosa, que puede generar graves daños al hígado, cirrosis, cáncer hepático e incluso la muerte.
De acuerdo con la Organización Panamericana de la Salud (OPS), cada año cerca de un millón trescientas mil personas fallecen en el mundo por causas relacionadas con la hepatitis viral, pese a que muchas de estas muertes podrían prevenirse con medidas simples de prevención, como la vacunación, el diagnóstico oportuno y el tratamiento adecuado.
Con el lema «Un futuro sin hepatitis», la OPS enfatiza que es posible avanzar hacia la eliminación de esta enfermedad como amenaza de salud pública antes de 2030, si se refuerzan dichas estrategias.
El doctor Howard Delucchi, médico internista de Los Carrera Interclínica, comenta que ante esta patología es esencial la vacunación contra la hepatitis B en recién nacidos y en grupos de riesgo, la realización de exámenes de detección en personas que hayan recibido transfusiones antes de 1996 o que hayan compartido objetos cortopunzantes, el uso de preservativo en las relaciones sexuales y el aseguramiento de que procedimientos médicos o estéticos cumplan normas de bioseguridad.
«Cada vacuna aplicada es una oportunidad de evitar consecuencias graves a largo plazo. Sabemos que anticiparnos es mucho más efectivo y menos costoso que tratar las complicaciones que genera la hepatitis crónica», añade el especialista.
Asimismo, no se debe compartir elementos de higiene personal que puedan tener contacto con sangre, como máquinas de afeitar o cepillos de dientes, y en el caso de realizarse tatuajes, perforaciones o tratamientos estéticos, hay que asegurarse que se cumplan todas las medidas de esterilización de equipos.
Un desafío de la hepatitis viral es que muchas veces no presenta síntomas o son tan leves que pasan inadvertidos
Sin embargo, el doctor Johan Echeverry Palechor, de Los Leones Interclínica, comenta que se debe prestar atención al cansancio extremo, coloración amarillenta de la piel y ojos (ictericia), dolor abdominal, orina oscura, pérdida de apetito y náuseas.
«Se debe acudir a un médico si estos síntomas se presentan de forma persistente o si se ha estado en alguna situación de riesgo de contagio, como relaciones sexuales sin protección, manipulación de objetos cortopunzantes o exposición a sangre de otra persona», indica.
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