Destaca la Terapia Cognitivo Conductual (TCC) como una de las herramientas disponibles para el abordaje de depresión, ansiedad, miedos, fobias, trastorno obsesivo-compulsivo y conductas de riesgo, entre otras.
Se estima que la población entre los 12 y 18 años presenta síntomas consistentes de depresión y trastornos de ansiedad, 55% y 25%, respectivamente, de acuerdo con cifras del Observatorio de Salud Mental.
No obstante, la terapia no siempre está a la mano. Según datos de la Defensoría de la Niñez, en 2024, el 38% de los jóvenes afirmaron que, aunque han querido tener ayuda psicológica, no han podido acceder a ésta.
Un factor que puede influir es el necesario consentimiento de sus padres o tutores legales. María Dolores Alaminos Hervás, docente de la Universidad Internacional de Valencia – VIU, explica que las derivaciones suelen venir desde el entorno familiar, los médicos de familia y el centro educativo. “En estas edades, en un importante número de casos, la derivación es externa, no decidida por el paciente, lo que puede conllevar resistencia inicialmente a la colaboración”.
Los tratamientos pueden tener diferentes enfoques. Destaca la Terapia Cognitivo Conductual (TCC) como una de las herramientas disponibles para el abordaje de depresión, ansiedad, miedos, fobias, trastorno obsesivo-compulsivo y conductas de riesgo, entre otras.
También existen otros recursos, como la terapia sistémica o familiar, para casos de conflictos intrafamiliares, problemas de conducta, cambios vitales (divorcios, resistencia al cambio de ciudad o barrio, etc). Se puede combinar con la TCC, según la casuística y particularidades en cada caso.
En tanto, las técnicas de relajación y mindfulness pueden aprenderse y practicarse desde edades tempranas, adaptándose a cada etapa evolutiva. Los beneficios se han podido demostrar tanto en la práctica cotidiana como en los tratamientos en salud mental.
Los recursos audiovisuales, lúdicos y tecnológicos se pueden implementar con éxito según los intereses, la cultura y la edad del paciente. Ayudan al acercamiento y exploración terapeuta-adolescente de una manera más cercana y distendida y menos formal, desde donde el/la adolescente pueda sentirse cómodo.
“Además, las técnicas de reestructuración cognitiva, entrenamiento en habilidades sociales, educación emocional, entre otras, son muy eficaces en el trabajo con adolescentes”, añade la docente.
Los psicólogos, por su parte, buscan que su paciente se sienta en confianza, muestran interés, sin imponer ni juzgar, alineando el lenguaje según la edad y resguardan el equilibrio entre la confidencialidad profesional y la información que se transmite a sus padres o tutores.
Si bien ha habido un aumento en la búsqueda de ayuda por parte de los jóvenes, persisten factores obstaculizantes, como creer que la salud mental es un problema menor. También está el factor económico, que impone ciertos límites en las opciones de tratamiento.
En este sentido, la virtualidad ha permitido que las terapias psicológicas se descentralicen, ya que los tratamientos se pueden llevar a cabo sin necesidad de la presencialidad.
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