El auge de prácticas como el running urbano y el crossfit ha transformado los hábitos de personas que buscan una vida más activa, pero también ha disparado las consultas médicas por traumatismos derivados de una actividad física mal planificada.
En el país, cada día son más quienes se lanzan a correr por la ciudad, levantar pesas o ejercitarse en los gimnasios. La tendencia crece impulsada por las redes sociales, comunidades fitness y la búsqueda de bienestar físico.
De acuerdo con la última Encuesta Nacional de Actividad Física realizada por el Ministerio del Deporte, en 2018 solo el 33,8% de la población adulta estaba activa o parcialmente activa físicamente, cifra que llegó a 73,2% en el más reciente estudio del 2024.
Sin embargo, el entusiasmo no siempre es equivalente a la preparación requerida. Así lo advierte la doctora Ruth Izquierdo, directora del máster Fisioterapia Neurológica de la Universidad Internacional de Valencia-VIU.
“El auge de actividades, como el running urbano o el crossfit, se debe a su accesibilidad, pero muchas personas se inician sin una evaluación previa o con excesiva autoexigencia, lo que incrementa el riesgo de lesiones. Además, la competitividad, la falta de descanso y replicar rutinas encontradas en internet son factores que agravan el problema”, recalca.
Entre los errores más frecuentes destacan:
-No realizar una valoración física o médica previa.
-Empezar con intensidades o volúmenes excesivos.
-Copiar prácticas de internet o de otras personas sin adaptación individual.
-Ignorar la técnica de ejecución, la importancia del calentamiento y la recuperación.
-Entrenar sin periodización ni control de la carga.
Todo esto puede llevar a sobrecargas musculares, tendinopatías o lesiones articulares que podrían evitarse con una buena guía profesional.
Por eso, el rol de los entrenadores y fisioterapeutas es relevante, ya que pueden diseñar programas seguros y personalizados, adaptando las cargas de trabajo y corrigiendo la técnica y, además, contribuir con la valoración funcional, detección de desequilibrios musculares y aplicación de estrategias preventivas, respectivamente.
Asimismo, la docente señala que la educación en salud física es un pilar fundamental para reducir el riesgo de lesiones, porque promueve la comprensión de cómo funciona el cuerpo, la importancia del descanso, la nutrición y la progresión del ejercicio.
Conocer los principios básicos del entrenamiento y los riesgos del mal uso permite ser más conscientes y responsables. “Fomentar la cultura del moverse bien antes que moverse más es esencial para que la actividad física sea realmente sinónimo de salud”, indica Ruth Izquierdo.
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