En Chile, se estima que cerca del 30% de la población presenta esta patología, llamada el «enemigo silencioso», ya que puede generar daño progresivo en órganos vitales sin alertas claras.
Puede avanzar durante años sin dar señales y, cuando aparece, muchas veces ya es tarde. La hipertensión arterial (HTA) no diagnosticada ni controlada se ha convertido en uno de los riesgos más relevantes para la salud cardiovascular, elevando significativamente la probabilidad de infartos, accidentes cerebrovasculares y daño renal, incluso en personas que se sienten completamente sanas.
A nivel global, la Organización Mundial de la Salud estimaba que en 2024 había cerca de 1.400 millones de adultos de entre 30 y 79 años con hipertensión y que un 44% desconocía su condición, lo que evidencia una brecha crítica en diagnóstico y control.
En Chile, el Ministerio de Salud sitúa la prevalencia de hipertensión arterial -es decir, el total de personas que viven con la condición, estén o no diagnosticadas- en 27,3% según la Encuesta Nacional de Salud 2016-2017.
Sin embargo, estimaciones más recientes la elevan a rangos entre 33% y 36%, lo que equivale a cerca de cuatro millones de adultos afectados en el país.
La hipertensión suele desarrollarse sin síntomas evidentes, lo que explica porqué muchas personas no saben que la padecen. Esta característica le ha valido el nombre de «enemigo silencioso», ya que puede generar daño progresivo en órganos vitales sin alertas claras.
«El gran problema de la hipertensión no es solo su alta prevalencia, sino que muchas veces llega tarde al diagnóstico. Nos encontramos con pacientes que debutan con un infarto o un accidente cerebrovascular sin haber sabido nunca que eran hipertensos», explica el doctor Andrés Triana, de Los Leones Interclinica.
Este escenario se agrava si se considera que, incluso entre quienes conocen su diagnóstico, no todos logran un control adecuado. En Chile, solo cerca de un tercio de los pacientes mantiene su presión arterial en rangos normales, lo que evidencia una brecha relevante en adherencia y seguimiento.
De hecho, datos de la Organización Mundial de la Salud y estudios publicados en la Revista Panamericana de Salud Pública sitúan el control en torno al 34% de los pacientes hipertensos.
«El principal desafío no es solo diagnosticar, sino sostener el tratamiento en el tiempo. Muchos pacientes abandonan los controles, porque no presentan síntomas, subestiman los riesgos o enfrentan dificultades prácticas como falta de tiempo, acceso o continuidad en la atención. A esto se suma una baja percepción de gravedad, lo que termina afectando la adherencia», recalca el doctor Triana.
Cuando la hipertensión no se detecta ni se controla, el riesgo de complicaciones aumenta de forma considerable. Está directamente asociada a enfermedades cardiovasculares, accidentes cerebrovasculares, insuficiencia renal y daño ocular, entre otras patologías.
«La hipertensión no controlada va dañando lentamente las arterias y órganos, muchas veces sin que el paciente lo perciba. Por eso es clave el control preventivo, porque detectarla a tiempo puede marcar la diferencia entre una vida saludable y una enfermedad crónica compleja», señala el doctor Triana.
Un control regular es especialmente importante en personas con factores de riesgo, como antecedentes familiares, sedentarismo, sobrepeso, tabaquismo o estrés.
La doctora Nancy Fontana, de Cordillera Interclínica, indica que el abordaje de esta patología no se limita al uso de medicamentos, sino que también exige cambios sostenidos en el estilo de vida.
Hábitos como una alimentación equilibrada, la reducción del consumo de sal, la actividad física regular y evitar excesos de alcohol pueden marcar una diferencia significativa en su control.
«La clave está en la constancia. No se trata de cambios drásticos, sino de decisiones diarias que, en el tiempo, tienen un impacto real en la salud cardiovascular. La hipertensión se puede controlar, pero requiere compromiso y seguimiento», acota la profesional.
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